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Maria, un modelo de docilidad
Por: Marina Adamo
Maria, simple criatura escogida como maestra del amor
La alegría y la emoción invaden mi corazón en este momento que escribo sobre Maria, la mujer que se abandonó enteramente en las Manos Del Creador. La maestra del amor que genera el Maestro del amor, pues sólo quien ama es capaz de someterse al amor y asumir todas sus consecuencias. Maria, una mujer que tuvo el valor de renunciar a su lindo plan de amor, que era casarse con José, por causa de un Bien Mayor: ser la madre del Salvador. En nuestra vida, muchas veces, nosotros no conseguimos vivir la voluntad de Dios porque tenemos dificultades de hacer el cambio de un Bien por un Bien Mayor. Pero, cuando amamos a Dios sobre todas las cosas, nuestros deseos e intereses son considerados mezquinos y pequeños delante de la grandeza, bondad, sabiduría y amor Del Padre. Maria hizo de su felicidad la realización del proyecto de Dios. Nosotros también solamente conquistamos la felicidad autentica cuando conseguimos la realización de una total entrega a Dios. Y todo aquel que ama a Jesús prefiere la voluntad y los deseos del Padre. Entre innúmeras virtudes de Maria, resalto su docilidad y obediencia a la Palabra de Dios, que capacitó a Maria para generar al propio Dios. Los discípulos de Jesús son aquellos que acogen la Palabra y permiten que sus vidas sean transformadas y conducidas por ella. Jesús reconoce todas las personas que siguen el ejemplo de Su madre. “Felices son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 11,28). Si todos oyesen a Dios como Maria, tendríamos personas más felices y una convivencia humana mucho más fácil. Maria, simple criatura de Dios, fue elegida como modelo de abertura total a la acción del Creador. El miró para la humildad de Su sierva; y ella, a pesar de una elección de destaque, continuó siendo simple y humilde. Se hizo verdadera discípula y asume la misión de presentar el hijo de Dios para el mundo. Para entender la misión de Maria es necesario abrirnos al proyecto de Dios, que mira al bien humano, nuestra unión, la convivencia fraterna entre todos, teniendo en vista la conquista del premio celeste: el Cielo. Toda la humanidad debería reconocer la elección de Dios: Maria, la madre de Dios, como está en el evangelio de Lucas: “Todas las generaciones me llamaran Bien-Aventurada” (Lc 1,48) . Ella desea que todos sus hijos brasileños la reciban como la anfitriona de nuestro País, nuestra madre. El mundo actual ha llevado las personas a ser egoístas y competitivas, pero nosotros brasileiros no podemos dejar que esta manera de ser nos contagie, porque somos un pueblo acogedor e que tiene gestos de amor para con el otro, sean nuestros compatriotas o extranjeros, esto porque fuimos trayendo, de generación en generación, la manera de ser de quien aprendió a amar con la maestra del amor, nuestra patrona. En este día de la Virgen Aparecida, la Reina y Patrona de Brasil, vamos pedir al Padre que El una nuestros corazones, para que cada vez más podamos rendirnos a los cuidados de aquella que es la maestra del amor y que generó el Maestro del Amor. El amor no divide, o amor se multiplica. Aprendamos con ella a amar a Dios encima de todas las cosas y el prójimo como a nosotros mismos. Si todavía no se relaciona con Maria, como una madre, comience hoy a dar los primeros pasos. Déjela entrar en su casa y cuidar de su vida y de su familia. Con la maestra del amor entre nosotros, ciertamente, nuestros corazones serán dilatados para amar siempre, en la alegría, en la tristeza, en la salud y en la enfermedad. Dios nos bendiga hoy y siempre. Con amor, Marina Adamo
http://blog.cancaonova.com/marinaadamo
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